EL MISTERIO DEL "PALOTEADOR" DE VALERIANO BÉCQUER



 Bien conocida a nivel popular es la estancia de los hermanos Bécquer en el monasterio de Veruela y su contribución a la imagen del mismo como lugar romántico y misterioso. Esa fama se ha perpetuado a lo largo de los años, sobre todo la del poeta Gustavo Adolfo ensombreciendo un poco la de su hermano; el pintor Valeriano. Pero sus obras no solo dieron a conocer el conjunto artístico y misterioso del propio monasterio sino también del Moncayo y de los pueblos y parajes cercanos al mismo. Aunque las leyendas son las obras más reconocidas de este periodo (Los ojos verdes, El gnomo, o La corza blanca, son sus exponentes directos), ambos hermanos también se preocuparon por reivindicar el acervo popular y costumbrista para que quedase constancia, con el paso de los años, de una forma de vida referida a la sociedad rural condenada a su paulatina desaparición.

Haremos una composición de lugar. Debemos comentar que en esta conexión cultural—costumbrista, la villa de Vera de Moncayo –por su proximidad y estrecha relación con el cenobio– será un lugar muy importante en la ambientación de varios de sus trabajos, así como para la convivencia y la vida diaria pues el abastecimiento e intendencia del complejo cisterciense, convertido por los avatares del devenir en hospedería, se llevaba a cabo desde la pequeña villa moncaína.
Esa citada conjunción de villa y cenobio, de Vera y Veruela, hizo posible la estancia de los hermanos Bécquer por las tierras del Moncayo aragonés (recordemos que pueblo y monasterio se encuentran separados por apenas un kilómetro de distancia). Hay que reflejar que la situación de la villa de Vera a mediados del S. XIX no era la que nos encontramos en la actualidad, sólo hay que hacer un ejercicio de traslación de ambientes... imaginemos: el aislamiento del pueblo era notable y los caminos de tierra, en lamentable estado, eran obstáculos con los que se encontraban caminantes y carruajes en su acceso al valle. No existían ninguna de las comodidades de las que gozamos actualmente –y apenas apreciamos–; no había electricidad, ni agua corriente en las casas, los candiles y las jofainas hacían las veces de bombillas y lavabos. Estas vicisitudes unidas a las adversidades meteorológicas, sobre todo en los meses invernales, convertían el camino al pueblo en una penosa travesía. A pesar de ello Vera, que por entonces contaría con unos 900 habitantes, aprovisionaba regularmente a la hospedería del monasterio y recibía el correo por valija tres veces a la semana, elementos fundamentales para las necesidades de ambos hermanos artistas, enamorados de los parajes del cenobio pero condenados a unos aislamientos duros tanto en lo personal como en los efectos meteorológicos.

Recordemos que el cenobio había pasado a manos particulares tras su desamortización y funcionaba como una hospedería, sus celdas se reservaban durante gran parte del año al administrador del mismo, el notario de Vera, D. Santiago Sola. Pero era en los meses de verano, con la llegada de nuevos personajes e incluso familias enteras, cuando la vida social del monasterio adquiría mayor intensidad.

Todos los dibujos y apuntes que realizó Valeriano durante su estancia en el monasterio de Veruela, son testimonios directos de la realidad de su entorno y de las costumbres de los pueblos de la comarca en un intento por plasmar el mundo tradicional y su día a día. Los dos hermanos eran conscientes del proceso de cambio que se estaba llevando a cabo en la sociedad rural y que desembocaría irremediablemente en la desaparición de esta forma de vida, por lo que trataron de contribuir con sus trabajos a evitar que se perdiera en el olvido. Como dirá Gustavo Adolfo; “No se puede esperar a que se haya borrado la última huella para empezar a buscarla”, y así lo plasmará él en sus escritos. Valeriano pinta muchas láminas del cenobio, casi la gran mayoría pertenecen a vistas y parajes cercanos al monasterio, pero sin duda es la villa de Vera de Moncayo −y sus alrededores− la gran beneficiada a la hora de plasmar sus paisajes y sus gentes. Son diez láminas las firmadas con la signatura de Vera, pero no olvidemos que las tierras de Vera abarcan el conjunto del monasterio por lo que muchas de ellas firmadas como Veruela reflejan parajes vereños (Maderuela, Camino del Soto, etc) por lo que en todas aquellas que aparecen personas podríamos deducir que se traten de gentes del pueblo que pasaban cerca del monasterio para laborar sus tierras; la presencia de animales de labor certificaría tal apreciación. 

Pero si hay una lámina que siempre me ha llamado la atención es la del “paloteador” (Danzante del somontano , acuarela -tinta china; centro inf.; recuadrado en tinta roja. 210 x 150mm). Fechada en “Veruela, el 3 de octubre, 1864”, la imagen representa a un danzante (al que Valeriano inmortalizó en acuarela seguramente para dejar constancia de los colores del traje) con su camisa blanca de manga larga, sus calzones negros, su faja morada, el pañuelo anudado en forma de cinta a la cabeza y de la que cuelga una pequeña ramilla fijada al mismo, las sayetas blancas con motivos (bordados o impresos a la misma) de un color rojo difuminado (quizá rosado o asalmonado), las alpargatas, las medias blancas y camadas en ambas piernas. Las camadas son las pequeñas piezas de cuero o tela (generalmente con forma de corazón) que se sujetan en el lado exterior de la pantorrilla en ambas piernas y en las que generalmente van bordados unos cascabeles (que al bailar los danzantes suenan acompañando a la misma música) y en algunos casos la imagen del santo o santa patrona del lugar. No hay referencia alguna a la procedencia de este paloteador. 


 La pregunta es obvia: ¿podría ser un paloteador de la villa de Vera de Moncayo? Podría ser perfectamente. Como también lo podría ser de la cercana villa de Alcalá de Moncayo (que también poseía Dance propio), la de Litago (pueblo cercano de la comarca que también tenía Dance) o la de Añón de Moncayo aunque su actual traje en poco se asemeje al reflejado en la lámina de Valeriano Bécquer. Ese detalle no sería esencial pues recordemos que a finales de siglo pasado algunos dances desaparecieron y con ellos sus trajes. Otros desaparecieron tras el parón forzoso de la guerra civil, y algunos de los que se recuperaron o siguieron con la tradición, optaron por los pantalones, las camisas y la faja con pañuelos al cuello o a la cabeza, opción más económica en unos tiempos de penurias y estrecheces. En Vera se optó por esta opción, aunque los paloteadotes más antiguos de la villa, así como el profesor Antonio Beltrán y los estudios de Mercedes Pueyo, siempre han reflejado que los danzantes de Vera de Moncayo llevaban sayetas; lo que indicaría que bien podría ser un traje de ese tipo.
La fecha nos podría seguir dando opciones “3 de octubre de 1864”. El Dance en Alcalá de Moncayo se celebraba en honor a San Sebastián y se celebraba en enero, así como el de Litago, por lo que esta opción de que el danzante perteneciese a estos pueblos quedaría descartada casi con toda seguridad. Otra duda nos asalta en este punto: el cuadro "El presente" (Valeriano Bécquer, Óleo sobre lienzo, Museo del Prado, Madrid), representa una fiesta popular celebrada en alguna población del Somontano del Moncayo y en la que la comitiva de mozos (entre los que se encuentran los danzantes), acompañados de tamboril y gaita -dulzaina-, es obsequiada con pastas y vino a la puerta de la casa de uno de los cofrades. esta fiesta bien pudiera ser "La entrega", que se celebra en el pueblo de Litago el día 21 de enero y que consiste en el relevo de los cofrades, pasándose unos a otros las insignias correspondientes. El acto se inicia con un desfile de jóvenes que sobre sus cabezas portan cestas repletas de tortas que, después, se repartirán en la plaza con el acompañamiento de una jota. Quizá en aquellos años acompañasen los danzantes de Litago a la comitiva y quedase certificada la procedencia del paloteador, aunque también es cierto -y confirmado por prestigiosos especialistas de arte- que Valeriano usaba bocetos y tipos expresados anteriormente en otras láminas o apuntes para colocarlos en la composición (en este mismo cuadro la figura femenina que ofrece el presente y la del hombre que exhibe la jarra, coinciden plenamente con la representación de "El alcalde, tipo aragonés", publicado como dibujo en El Museo universal, 12 de agosto de 1866, meses después de entregado el cuadro).



En Añón de Moncayo se baila el Dance el primer domingo de octubre, en honor a la Virgen del Rosario, aunque recordemos que en Vera también celebraban las fiestas en octubre en honor a la Virgen del Rosario que también es una de sus patronas, por lo que poco esclarecedor puede ser ese detalle. Aunque bien es cierto que el texto del Dance más antiguo que se conserva en Vera está dedicada al dogma de la Inmaculada, por lo que en tal caso es de suponer que se representaría en diciembre. Ambas opciones quedan poco aclaradas por la firma de la propia lámina en Veruela. Valeriano deja muy claro en sus láminas los sitios en los cuales las ha realizado, de hecho certifica más de 10 láminas en Vera firmadas como tal, 5 en Añón firmadas como tal, y así sucesivamente con Trasmoz, Tarazona o con los parajes sobre los que dibuja. Sin duda, si hubiese firmado con el nombre de algún pueblo el misterio estaría desvelado, así nos seguimos haciendo preguntas en busca de respuestas: ¿qué representaba un danzante en octubre en un monasterio que además no estaba habitado por monjes pues se había procedido a su Desamortización hacía ya muchos años? ¿Quizá se realizó alguna representación en honor a la Virgen de Veruela −que recordemos seguía en las estancias del mismo cenobio− o ante los habitantes que moraban en las celdas del monasterio en aquel periodo? En tal caso sería más probable que fuesen los paloteadotes de Vera los que la hiciesen por su cercanía al monasterio pero tampoco sería nada definitivo. ¿O puede ser que Valeriano realizase el dibujo en alguno de los dos pueblos citados y terminó rematándolo en el propio monasterio firmando allí su lámina?

Conjeturas e hipótesis diversas para un “danzante anónimo” del que podemos asegurar, sin muchas dudas, que su imagen corresponde a alguno de los paloteadotes de la comarca y seguramente de uno de los pueblos más cercanos, pues entonces el Dance no se solía representar fuera de los pueblos, sólo con alguna excepción en ermitas cercanas o monasterios, como es el caso que nos ocupa. 
En la actualidad el traje de danzante que más se asemeja al de la lámina representada es el de los paloteadores de Bulbuente, traje que fue recuperado en los años 80, aunque también  el de otros pueblos como El Buste, Maleján o Talamantes, guardan similitudes con el de la acuarela de Valeriano.
Seguiremos haciéndonos las mismas preguntas pero el misterio sobre la procedencia de ese paloteador seguirá en el aire.

José Ángel Monteagudo